La penumbra ha causado lastima
en los seres capacitados para el sufrimiento… los viajes extraordinarios hacia
los montes de la caridad, han dejado huellas; los mártires han ganado la guerra
de la piedad, volando, muéstrame tu insignia, que dejaste en mi.
Enséñame a leer la mirada
extraña que ceniza la piel, invéntame otro cuento que me embriago de celos,
como ahogado en un carral, insinúame otra noche para que vuelva ese estigma
otra vez.
Pescador de lo nuestro, han
dejado el suelo cerca del rostro de la vergüenza; chapuzando al rio esta inepta
sesión de lo necesitado, las marcas han dejado en espasmo lo prohibido…
mientras lo caprichoso se ha vuelto una droga, un cáncer maligno que abarca la
solitaria obsesión.

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