jueves, 4 de julio de 2013

Memorias

Recuerdo el día que la conocí, fue una de esas  noches de verano a orillas del mar. En la casa de playa de Pedro, en el sur del Lima. Un amigo no bien parecido, un amigo de la universidad, bueno en clase. Un amigo medroso, melómano, sin éxito para las mujeres, pero en fin, es mi amigo. Con una calidad de persona, de veinte de nota.
Salí a fumar un cigarrillo,  cosa que no hago cotidianamente. Todos descansaban en los cuartos. Se escuchaban ronquidos y hasta prolongados gases, con intensidad sonora. Deslice la puerta, sentándome en una piedra en forma de cubo. Se escuchaban las olas, nítidas, todo era nítido, eran efectos de la marihuana. Había fumado un pito, aprovechando la hierba que había dejado uno de los amigos de Pedro, la había dejado reposando en la mesa de centro, en un papel metálico, parecido al de los chocolates. Las olas anunciando el amanecer, mientras el frió corría por mis patillas. Me quede pasmado al ver a tal belleza, rubia, ebria y desplomada en posición fetal. Lanzando males al aire, nadando entre llanto iba beoda.  Llevaba un vestido rosa y un polo blanco, si hablamos de ropa interior era negro. Era inevitable no ver como la falda se le había subido, un poco más de la cintura. Estaba con el maquillaje esparcido por toda la cara, parecía un clown del Cirque Du Soleil.  Palabras no me faltaron para decirle que le pasaba y preguntarle si estaba bien.  Al parecer, lloraba por un hombre, ya que llevaba una foto en la mano derecha que sujetaba con tanta presión, maltratándola, mientras la zurraba con la otra mano, untándola con dolor y lagrimas. La curiosidad matándome, ya que había marcas en la arena como si hubiesen arrastrado a alguien o se hubiese dejado sus marcas una gran serpiente, desde la casa hasta la orilla, que era un aproximado de diez metros. Me asome hacia ella lentamente, algo me decía que me acerque, era mi lado benévolo. Algo asustado paso a paso, fui fumado e intrigado. Dejando el cigarrillo consumiéndose en la piedra, instilando mi curiosidad a empujones.

Llegue sin hacer ningún tipo de ruido, solo éramos las olas, el llanto de ella y mis zapatillas que rozaban la arena, con delicadeza. La hierba me hacia escuchar todo, hasta el caer de un clip. - ¿Todo bien? Le pregunte en voz amistosa y modulada. Volteando la cabeza con una mirada feroz y de aborrecimiento, juntando las cejas, misma poseída, como metamorfoseándose.  Sorprendido, siendo espectador de unos ojos celestes, llorosos, rojos y de una apariencia cómica por el maquillaje esparcido, tan dulce y bonita. - ¡Cállate maldito! ¡Vete! ¡Lárgate Fernando! Gritaba beoda. Asustado fui a la piedra tomando mi cigarrillo, fume el último toque, ya que el viento se lo había fumado. No entrando a la casa, regrese insistentemente, pensado en el viento que corría diciéndole - ¡Hace frió  ¿Por qué no entras? ¡Descansa en el sofá o si quieres despierto a unos de los chicos para que te de una de las camas! Con la cara más calmada y no con apariencia de poseída exclamo - ¡Déjame en paz Fernando! Nunca me gusto que me llamaran por otro nombre, destetaba hasta cuando era de casualidad o por confusión. - ¡No soy Fernando mi nombre es Enrique! Lanzándome arena al cuerpo, regrese a la casa, a sacar un edredón que cubría a una gordita que estaba echada en el sofá. Al sacar el edredón estaba en calzón, con las bragas húmedas, se notaba la humedad y el olor a sexo.  Al parecer había estado teniendo sexo con alguien por que llevaba tremendo chupetón en el cuello y mantenía las entre piernas rojas. Roncando como motosierra, seguía durmiendo. Al pasar por la cocina había una pareja durmiendo desnudos en una cama inflable, cubiertos con una pequeña mantita, que según ellos los iba a cubrir. Cruzando por encima de ellos, saque una botella de agua del refrigerador y fui donde la bella beoda.

Saliendo con edredón en mano, estaba sentada en la piedra cuadrada, agarrándose la cabeza con las dos manos. Empezando a reaccionar de la borrachera, llena de arena, por todos lados, hasta en los cabellos, empezaba amanecer. Acercándome con una mirada amistosa le dije - ¡Toma para que te abrigues! ¡Bebe un poco de agua, debes estar con sed, después de tal farra!  Aquietando, tomo el edredón, cubriéndose los hombros  hasta llegar a los pies, cerrando, con puño cerrado. - ¡Bebe un poco de agua! Volví a repetir. Tomando el agua con las dos manos,  me miro diciéndome - ¿Tú no eres Fernando? ¿No? Sonriendo le conteste que no era. Quien iba a decir que llegando a las cuatro de la mañana a la fiesta de Pedro, después de tener sexo con una pituca regalona, me iba a encontrar a esta dulzura, que me derretía con solo ver sus ojos y esa carita tan tierna. Me sentí raro, por eso insistí, quise conocerla. Recuerdo cuando le pregunte su nombre y con hipo me dijo - ¡Hip, Hip! ¡Rebeca! Explicándome que tenía descendencia Rusa y haciéndome un resumen de su familia. Yo reía, observándola tan tierna y angelical, un rostro muy bonito, una mirada tan especial, que me hacía sentir en las nubes. Siempre he sido muy distraído, no me gusta escuchar a la gente, tengo ese defecto, pero a ella le escuchaba cada pavada que hablaba. Me estaba enamorando al instante. Olvidándome de mi auto que había dejado afuera, con un tremendo arañazo,  de los problemas que tenia con mi padre, olvidándome de todo. Fijamente observaba ese rostro tan dulce, hasta que eructo, mandando tremendo sapo e instando el momento y carcajeándome, me puse como tomate. Ella también reía pidiéndome disculpas, le respondí - ¡No te preocupes! Es normal. Las risas no paraban y flechándome, brillaban mis ojos como estrellas.

Vi mi reloj y eran las ocho y cincuenta de la mañana, habíamos conversado buen rato, la magia de Rebeca me hechizo y la atención era mi desayuno esa  mañana. Era tiempo de que le pregunte sobre el llanto y quien era el de la foto. Entrando en el tema, me dijo que era un ex novio, con el que había tenido una larga relación, pero él se fue con su mejor amiga. Enterándose de que se van a casar, se sintió fatal. Estaba más tranquila, ya no lloraba. Al parecer lloraba porque estaba ebria y recordó lo feliz que era con él, hasta que la pendeja de su amiga, se metió en su relación, arrebatándole el novio. Obstándome la foto, que aun tenia forma, veía que no era la gran cosa el tipo. Era un cholo power, pero ella se enamoro de él. Al parecer el cholo cachaba bien. En fin eso es lo de menos, lo importante es la calidad de persona. Pero el cholo si estaba feo y pendejo para rematarla. Rebeca suspirando cabalgaba en recuerdos, cuando contaba sus anécdotas con él. Yo no paraba de mirarla, sentía su alma como se balanceaba entre sus ojos. Era bellísima y estaba estallando por ella. Sentía mi reloj como avanzaba rápido, la conversación interesante y mis ojos seguían brillando, no perdiendo ese brillo de estrella.

Así llegaron las once de la mañana y algunos zombis ya estaba despertando con caras desastrosas, uno de ellos salió sin polo, pegando un tremendo bostezo con una botella de agua en la mano. Rebeca lo saludo, era su primo Javier, diciéndole que ya se tienen que ir. Presentándonos me apretó la mano, sintiendo un poco de dolor, sobándome sin que me vea. - ¡Enrique ha sido un gusto platicar contigo! ¡Me tengo que ir! me dijo apenada, le había caído súper bien. Anote su número en mi celular, dándome un beso en la mejilla, se fue. Cuando se fue, me tire a la arena, dibujando un ángel misma mujercita. Estaba enamorado, al máximo. Llegando el medio día, el sol estaba infernal. Mi cara me estaba ardiendo un poco. Entrando a la casa, había una cama vacía, echándome con las manos en la nuca, me pegue viendo el techo, pensando en Rebeca. Me sentí muy enamorado, todo era de colores en ese momento, todo era gragea.

Desperté a las tres de la tarde. Rebeca se había ido y ya no tenía que estar ahí. Todo era silencio, había un grupo de chicos que seguían bebiendo e inhalando cocaína. Entrando al baño en la ducha había un amigo de Pedro, que le estaba haciendo sexo oral a otro amigo de Pedro. Par de maricones, por dentro dije. Me Salí disparado por tal escena obscena y fuera de sitio. De pronto sentí una vibración en el bolsillo, mi móvil estaba que me avisaba que mi batería esta baja. Fui donde Pedro a despedirme y a preguntarle sobre Rebeca, no quiso hablar, estaba con resaca, solo me dio la mano y se tapo la cara con la almohada. Prendiendo el auto, estaba que recordaba los ojos de aquella chica que me había enamorado, momentos en la arena, platicando y observando su sonrisa. Que era lo más maravilloso que había visto.

Al llegar a casa, le comente a mi madre, todo lo que había pasado, era mi confidente. – ¡Me alegra verte reír hijo mío! Me dijo con esa sonrisa iluminada. Mi madre se preocupaba mucho por mí, le dolió cuando me rompió el corazón una muchacha casi guapa, pero de apariencia embustera. Lo único que le gustaba hacer, era chupármela a cada rato, en fin. Mi hermano menor José Luis siempre paraba con su enamorada en su habitación, salía de la universidad, la recogía y se la llevaba a su cuarto. Estaba en edad de arrechura, dieciocho años. Pero a él nunca le importaba nada, lo que pasaba en casa, con el no era. Bueno, así paso el día. Llego el día más aburrido de la semana, Lunes, un día que todos detestamos. Camino al trabajo, en el auto se me ocurrió llamar a Rebeca, empezando a marcar, me entraron un poco los nervios, pero llame. Empezó a timbrar, no contesto. Volví a marcar no contesto. Pensé que era muy temprano para incomodar. Siguiendo mi camino, me vibra el celular. Era ella, yo asustado me estacione en una acera, fuera de un café, con voz seria conteste - ¿Alo? –¡Hola me acaban de llamar de este número! ¡¿Quién habla? - ¡Hola como estas!, habla Enrique amigo de Pedro, nos conocimos el amanecer del domingo en la playa. - ¡Hoooola! ¡Si me acuerdo de ti! Me llene de emoción en ese momento, me sentí el hombre más afortunado, de haber conocido a tal belleza. - ¿Cómo estas Rebeca?, - ¡Ahh mira recuerdas mi nombre! – ¡Claro cómo no voy a recordar! Después de todo lo que platicamos esa mañana. - ¡Tu eres Enrique! ¿No? Al mencionar mi nombre me latió el corazón al máximo, era una situación muy emocionante. - ¡Siii! Respondí, contento. Fue solo instante, porque tenía que trabajar, despidiéndome y quedando para cenar en la noche. Pegando un grito fuerte, súper alegre, me sentí el hombre más feliz del mundo.

Así paso el tiempo, salimos tres meses. Fiestas, cenas, paseos, fotos de  momentos inolvidables. Compartíamos días, noches, de todo.  Recuerdo que me moría por besarla, pero quería hacer las cosas bien, no a la alocada. Sentía que los ojos de Rebeca brillaban, era mágico. Los dos estábamos enamoradísimos. Me llamaba en las mañanas, para decirme buenos días, era mi mejor desayuno, también para decirme que tenga una buena jornada laboral. Me llamaba en las tardes a la hora del almuerzo, para saber que había almorzado y para platicar un rato. En las noches me llamaba para seguir platicando del día y darme las buenas noches. Yo estaba feliz y también hacia lo mismo que ella, llamarla y hacerle detalles. Luego nos hicimos enamorados, mi madre estaba fascinada con Rebeca. Una buena chica, linda, atenta y con una hermosa sonrisa que yo había reconstruido. Si hablamos de su mirada, era fatal. Me derretía al instante con esos ojos  tan preciosos. Paso el tiempo, la relación estaba muy bien. Habían riñas, esas riñas que se solucionan en un momento, como toda relación, pero caminábamos bien. El momento más feliz de mi vida, fue cuando hicimos el amor por primera vez. Reserve una Suite en un buen hotel en Miraflores. Ella estaba dispuesta a entregarse, ya que habíamos tenia algunos rosecitos y siempre nos quedábamos con las ganas. Habiéndolo platicado en la suite, abrí el champagne y brindando, pasó lo que tenía que pasar. Yo más enamorado, rendido a sus pies.

Pasaron dos años, luego tres. Nunca había tenido una relación tan larga, cinco años para mí era larga. Seguía sintiendo lo mismo por ella e incluso la amaba mas. Desataba versos y poemas que fluían de mi imaginación, ella me inspiraba a dar todo a la relación. Rebeca quería tener una familia, lo platicamos y me alegraba mucho. Hablaba, no de hijo, de hijos. Había momentos en que me asustaba, pero con ella y por ella, era capaz de todo. Después de mi  graduación, mi madre murió, el cáncer se la llevo a descansar en paz. Feliz porque ya era Administrador y triste a la vez por aquella perdida. Pasaron días y días, comprendiendo que aunque tengas buena condición económica, la vida no está comprada. Mi padre triste, se dedico a fumador y a su trabajo, trabaja en el congreso, era una rata honrada, como le sabían decir mis tíos. Mi vida fue triste a la perdida de mi madre, Rebeca también lo estaba, la consideraba una madre, ya que ella no la tenía, también era fallecida. Falleció cuando ella estaba muy pequeña, solo tenía su padre, que no estaba pendiente de ella, solo la veía en las mañanas, al despedirse e irse a trabajar. Rebeca graduada, yo graduado, íbamos a llevar una vida de puta madre. El destino estaba disparando derecho hacia los dos, los más enamorados.

Corrieron tres años más, yo ya tenía treinta años, Rebeca veintinueve y tenía un mes de embarazo. Era fantástico, estaba feliz y estaba más enamorada. Si hablamos de mi, estaba más que ella. Una polémica de amor. Yo en el trabajo pendiente de sus llamadas y mensajes al celular, como antes. Nunca cambiaron esos detalles, en ambos, éramos dos almas gemelas. Rebeca trabajaba en una empresa de seguros de vida, era jefa del área de recursos humanos. El tiempo paso tan rápido que llego el día esperado por los dos, nuestro bebe. Una niña linda y robusta de nombre Marianne. El nombre le puso Rebeca, ya que mi madre nombraba así. Mi padre feliz y el padre de Rebeca contentísimo. Eran dos abuelos, viudos y solitarios. Aunque el padre de rebeca, por ahí se levantaba una secretaria de treinta años, que trabajaba con él. No estaba tan solo.

Decidimos casarnos por civil y convivir con nuestro bebe, para eso ya teníamos dinero en el banco, solicitamos un préstamo y compramos un departamento de lujo en San Isidro. Ahí fue nuestro nido de amor. Subí unos kilitos de más, Rebeca esta cada vez más linda y arreglada, la amaba cada vez más. Le enviaba flores cuando estaba en casa, no dejaba de lado los detalles, siempre estaba ahí. Marianne crecía rápido y se ponía más hermosa, ya tenía cabello, ya que nació peladita. Cada vez se notaban sus ojos más celestes, como los de su madre.

Recuerdo su primer año de Marianne, una fiesta en una local que habíamos alquilado, ya que en el departamento, no se podía hacer bulla por lo vecinos. Fue un cague de risa el cumpleaños, yo estaba contentísimo, si hablamos de Rebeca, lloro de emoción. Mi primer día del padre, mi primera Navidad y todas las fiestas. Al lado de mis dos mujeres, las amaba. Me di cuenta de pronto, que el tiempo corría demasiado rápido, las cosas se ponían muy bien para mí y para Rebeca. Marianne ya estaba en la primaria, en un buen colegio de San Isidro, Rebeca esperaba un niño, estaba contenta y ascendida en el trabajo. Yo con una buena posición laboral y tenia gente a mi cargo, era un puto jefe, como por ahí sabían decirme algunos pendejos. Paso los nueve meses y llego Mateo, sano y sonriente el coqueto. Emocionada Rebeca, con su parejita soñada, un sueño hecho realidad. Yo contento, pero con nuevo despertador. Un hijo y una hija, los más bellos del mundo.

Marianne terminando la primaria y secundaria, se estaba preparando para la universidad, con pretendientes que la llamaban a cada rato para salir, pero ella se hacia la difícil. Había un tipito Julián que a ella le gustaba. Sentía un poco de celos, pero era mi hija y estaba haciendo las cosas bien, una buena chica. El tiempo corre tan rápido cuando uno tiene hijos, es un tren. Mateo creció rápido, ya tenía enamorada en la secundaria, quien no se iba a resistir a esos ojos celestes y cabellos rubios, era un don Juan, ese si me salió un mujeriego, pero bueno en el colegio. Yo celoso por Marianne y Rebeca celosa por Mateo, que no dejaba de sonar su celular y teléfono fijo. Una estrés para ella en las noches, mala idea poner anexo. Yo haciéndome más viejo e interesante, Rebeca mas señora y bella. Siempre salíamos a comer los cuatro, los fines de semana, éramos bien unidos, nada nos separaba, los domingos en especial, nos íbamos a centros campestres.  Siempre nos íbamos en el auto, con el que conocí a Rebeca, ya tenía muchos años, había pasado de moda y tenía varios arreglos. Rebeca y los chicos insistían en que me compre una camioneta del año y así lo hice. Una cuatro por cuatro, marca Toyota. El auto se lo di a Rebeca, por el momento, por que luego se compro un auto con el tiempo y el carro viejo se lo obsequiamos a Mateo, ya que estaba en la universidad.

Una camioneta espectacular manejaba, recuerdo que salía casi todos los fines de semana con colegas del trabajo, a beber un poco. Conocí a Héctor, un nuevo integrante en la empresa, buen compañero, buen trabajador, carismático, bien parecido. Empezamos a salir, ya que frecuentábamos los mismos bares y teníamos el mismo gusto musical. Su único defecto era que bebía mucho y se drogaba, cosa que yo ya no lo hacia. Fue un tiempo de vacilon, con lo amigos de la universidad y solo fue marihuana, de vez en cuando, no siempre. Sucedió un día, cuando me hizo probar cocaína, me sentí nervioso, ansioso, tenía ganas de seguir bebiendo y fumar cigarrillo, tras cigarrillo. Mi familia estaba contenta porque salíamos con la camioneta a pasear, nos tomábamos muchas fotos, que mis hijos colgaban en sus redes sociales, eso me llenaba de emoción. Pedaleo el tiempo y así paso un año. Mi relación con Rebeca estaba muy bien, no teníamos problemas económicos, unos hijos responsables y estudiosos. La vida nos había dado un buen puntaje.

Recuerdo claramente ese día, triste pero lo recuerdo, lleno de euforia, con Héctor. Salimos de parranda en la camioneta con una amiga de él, Raquel una ejecutiva guapísima, soltera, que andaba de sexy rojo. Bebiendo y cantando ebrios, Raquel quiso que vayamos a su departamento, para beber unos tragos que había traído de Brasil. Fuimos en la camioneta, Raquel quiso ir adelante en el asiento copiloto. Unas luces nos interceptaron, eran unos policías. Tapándoles la boca con ciento cincuenta soles, me dejaron de joder. Al llegar al departamento de Raquel, me senté suspirando alcohol en un sofá acogedor, el departamento era de estreno, muy bonito. Raquel saco los tragos y un poco de cocaína. Aspiramos un poco del polvo blanco que me ponía nervioso y ansioso. Prendiendo un cigarrillo Héctor observaba a Raquel como bailaba la cabeza. Bebimos cachaza, un agua ardiente que se obtiene del jugo de la caña, muy popular en el Brasil. Mezclado con limonada, hielo picado y unos adornitos que había adicionado Raquel, que se veía bien gracioso el vaso, unos vasos largos, como para que dure el trago. Raquel bebía cachaza con tanta familiaridad, ebria me miraba con coqueteo y se soltaba el cabello. Ya las tres de la mañana, el panorama era distinto, pero quería seguir bebiendo. Raquel se sentó a mi lado y Héctor se había quedado dormido, estaba con unas ojeras, había trabajado mucho y tenía el sueño incompleto. Le contaba a Raquel en mi dureza, lo bien que me iba con mi esposa y que tenía unos hijos maravillosos. Llorando me comento que era soltera, porque no le había hecho mucho daño un tipo, con el que tuvo una relación de diez años y de ahí no quiso saber nada de hombres. Después de conversar media hora para ser exacto, Raquel sustrayendo del saco de Héctor, tomo una pequeña bolsa de cocaína, aspiro unas líneas de su transparente mesa y abriéndose la blusa, hecho un poco en su pecho, diciéndome - ¡Ven, inhala y pasa tu lengua! Me quede pasmado con tal escena, eran unos hermosos senos, pero yo fui, con tal de seguir inhalando ese polvo blanco que me hacía sentir nervioso y ansioso. Tuvimos sexo desenfrenado, aunque no llegue a tener un orgasmo, estaba imparable, un toro. Me sentí infiel cuando me despedí de ella, reaccionando tarde la conciencia como siempre, me fallo. Recuerdo que me dio un beso prolongando el sonido y finalizándolo con una caricia de lengua. Atándome con sus brazos me hizo pasar nuevamente, sirviéndome un vaso de cachaza con hielo, seguimos bebiendo. Yo estaba ebrio y Raquel se había consumido toda la cocaína, tuvimos sexo en el mueble, ya no en su habitación. Héctor se quedo recostado en el mueble, rendido por el cansancio, roncaba fuerte. Saliendo del departamento en Surco, eran las cinco de la mañana y yo estaba mal, tenía que estar en casa.

Me sentí el rey de las pistas al manejar, estaba ebrio y drogado, con mi camioneta del año y una música a un volumen no tan alto. No había gente en las calles, quería manejar y llegar rápido. Pensaba en Raquel en ese momento, en lo bien que olía y ese cuerpo tan cuidado y conservado. No respetando los semáforos, los pasaba. Aunque los semáforos son como las putas, a partir de las doce nadie las respeta. A unos minutos de llegar a Paseo de la Republica, un alta voz indicándome que me estacione a un lado de la acera. Me detuve, pero estaba drogado y con ganas de joder. Nunca había sentido esta sensación, de joder a policías, después de taparles la boca con dinero. Me  estacione y se me acerco un uniformado con un bigote desagradable. No abrí la luna, solo acelere, mentándole la madre eufórico fui, mismo Meteoro. Subiéndose a su blanco e inútil auto policial me seguía el bastardo, como les decía en ese momento entre dientes. No doble ninguna cuadra seguí de frente, hasta que se me cruzo una señora de uniforme rojo que barría las calles y por esquivarla, termine cayendo en la Vía Expresa, estampado en el muro de uno de los puentes. En ese momento antes de chocar contra el muro del puente, sentí fríamente, una reproducción fotográfica instantánea sobre mis hijos y esposa.

La parte delantera del auto estaba destrozada y mi rostro cubierto de sangre, me veía en ese momento con la cabeza rota, cosa que hasta ahora reproduzco esa imagen y me destrozo al sentir eso. Recuerdo que salí del auto, me puse a llorar, me arrodille viéndome con la cabeza apoyada en la luna destrozada, el timón a un lado aplastándome las costillas. La camioneta estaba hecha una mierda. La velocidad hizo que el impacto sea intenso. Gritaba -¡Déjenme, déjenme! Y nadie me escuchaba. Llego la policía, bomberos, había causado un tráfico tremendo, siendo las seis de la mañana.


A las siete de la mañana llegaron ellos, Rebeca llorando, abrazada por un policía que no la dejaba pasar a verme, yo la tocaba y no podía sentirla, ella peor ni me veía. El dolor era intenso, en mí. Mateo y Marianne llorándome abrazados uno al otro, destrozados. Yo el más jodido en el momento, los abrazaba y les decía que los amo y no podían escucharme, quedándome afónico. Muerte instantánea, una muerte cerebral, por exceso de alcohol y ese polvo desgraciado que me hacía sentir nervioso y ansioso, que de nada me valió. Solo me hizo destrozar a mi familia.

Han pasado ya cuatro años y sigo durmiendo con mi esposa, aunque ella no me ve y beso todas las noches a mis hijos, sin que ellos lo sientan, pero los veo llorar por las noches. Mateo  va con su novia a visitarme al cementerio, cuido mucho de él. Mi Marianne triste aun, me visita con su novio, no Julián, creo que solo fue un gusto. Esta de novia con una tipito Andrés, que buen chico, lo vigilo siempre que se porte bien. Solo trato de no ver cuando tienen intimidad, me pone muy celoso, pero Marianne esta en edad. Rebecca exitosa como siempre en el trabajo, triste aun, tiene mi ropa guardada o le presta mis camisas a Mateo ya que es hombre y tiene mi porte.

Nunca había sido infiel, nunca me había divertido tanto e inhalar tanta cocaína. A veces pienso que fue una noche que no debí salir y que fue mi última noche de diversión. Como dije sobre mi madre, nadie tiene la vida comprada, así tenga buena posición económica o seas el rey del mundo, la muerte juzga al azar,  que en ese momento estaba de copiloto al pisar el acelerador. Destrocé a mi familia y mi alma vaga sola escuchando lamentos y ecos míos de lamento.

El panorama ahora es distinto, han pasado unos años más, pero estoy muy orgulloso de mis hijos, dos excelentes personas, exitosos como lo fue su padre. Haciéndome abuelo Marianne, casada y con un hermoso bebe que lleva mi nombre y mi apellido en materno. Mateo de novio con una hermosa chica, buena y profesional, enamorado en plan de matrimonio. El amor más lindo que tuve hacía una mujer, lo construí con Rebeca. Hasta ahora la amo y la seguiré amando. Conseguirla fue fácil, pero perderla fue lo mas difícil.


1 comentario:

  1. La vida es un largo trayecto, cada decisión que tomamos nos conduce a un diferente destino. Para bien o para mal, cada acción que tomamos, tiene una consecuencia, por más simple o pequeña que sea, nos lleva hacia un camino que quizá, nunca pensamos tomar. Lo bueno de esta vida, es que te da, algunas veces, muchas maneras de enmendar ese trayecto. Al final uno es el que elige qué camino seguir y todo camino tiene trechos buenos y malos. Lo importante es saber asumir nuestras decisiones y si en algún momento nos equivocamos, buscar la manera se resarcirnos y encontrar el camino adecuado, el camino que nos acerque a la felicidad.

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