Entre los miedos de la noche, cerezas
han de comer, pueblerinos inmigrantes de fe; ya más de un siglo sacudiendo el
miedo, abre las puertas neblina sedienta espina de rosas.
Juraste que volverías del más
allá, incrustada en tu tumba crujientes las barcas que llevaban tu féretro,
cuando tu ilustre mujer se transportaba cerca de mi lar, soy del sur.
Creciste entre brujería, magia
negra, tocada por el señor que todos temen, sentimiento fatal, unanimidad
sienten los vecinos, que los huesos escucho tiritar.
Bella mujer Inglesa, has hecho
de mis sueños, un monstruo sexual, elogio tu cuerpo entre mente, porno rápido y
fugaz; escucho tu vida en una canción, reina de la necrópolis y lujuria.

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